Volví a mirar el reloj nerviosa. Las 10:00 de la mañana. Cogí
aire y me monté en el autobús dirección a las oficinas del centro de Los
Ángeles
Estaba muy nerviosa. El profesor Smith quería que yo fuera a
hablar con una persona para que me dieran un trabajo de verano, y conseguir
subir mi nota para poder pasar el primer año de universidad de periodismo con
buenas calificaciones.
Me esperaba un día largo, de eso estaba muy segura. Mientras
estaba sentada en el autobús, miraba por la ventana intentando buscar algún
tipo de distracción para mantenerme tranquila antes de la entrevista de las
10:30
Después de unos 10 minutos, más o menos, bajé en la parada
correspondiente. Me seguían sudando mucho las manos, nervios mezclados con
calor no es una buena combinación. Volví a mirar el papel con la dirección que
me entregó el profesor Smith días atrás. “Calle Rosewood, número 7”. Miré a mi
alrededor, intentando encontrar la forma de mirar a través del gentío. Conseguí
leer en una placa “Calle Rosewood” Reí para mi misma, no podía haber sido tan
fácil
Minutos después, ya estaba parada en frente de las oficinas
“Check it”. Suspiré e intenté buscar la valentía nula que poseía. “Es solo una
entrevista de trabajo, no puede ser tan difícil” pensé. Llamé a la puerta, mis
piernas querían que huyera. Me permitieron el paso y yo entré con una sonrisa a
recepción. La recepcionista me miró de arriba abajo, examinando cada uno de mis
rasgos.
-El señor Lioner le atenderá en cualquier momento – dijo
volviendo la vista hacia sus documentos. Asentí y me senté en uno de los
asientos fríos y duros de recepción.
Pocos minutos después, la recepcionista me dio permiso para
entrar en la oficina del señor Lioner. La dí las gracias y entré en la oficina.
No era una oficina llena de lujo, pero tampoco escaseaba de
caprichos. El señor Lioner estaba sentado tras su gran mesa negra. Me sonrió. A
primera vista, tendría unos 30 años. Mediana edad, moreno, cuerpo atlético. No,
no tenía pinta de ser un viejo amargado.
-Encantado de conocerle, señor Lioner
-Osea que tú eres la famosa ____ Clairy? Smith me ha hablado
mucho de ti – fruncí el ceño, el rió. Iba a sentarme en una de sus sillas del
despacho cuando él se levantó de su sillón – No, por favor. Quédate de pie.
Él comenzó a dar vueltas sobre mi mientras hacía un claro
examen sobre cada parte de mi cuerpo. Me sentí excesivamente observada. El no
paraba de asentir y de sonreír. ¿A qué tipo de loco me había mandado el
profesor Smith?
-Esto es una situación un poco incómoda – me atreví a decir
-Eres perfecta. El señor Smith me ha traído un regalo
Él seguía dando vueltas a mi alrededor como un buitre. Se
paró en seco delante de mi, justo enfrente mía y me sonrió. Fruncí el ceño de
nuevo
-Si no fruncieras el ceño tanto… - dijo con cara de
desaprobación
-No sé como pretende que reaccione ante esto – él estalló en
una carcajada. Seguidamente se sentó en su silla y comenzó a escribir - ¿Y las
preguntas?
- ¿Preguntas?
- Si, preguntas. ¿No es esto una entrevista de trabajo?
- Oh querida, claro que sí
- ¿Entonces?
- El puesto es tuyo. – dijo con una sonrisa. Me senté en la
silla que se situaba en frente de su mesa sorprendida, ¿tan fácil había sido?
- Me está tomando el pelo, ¿verdad?
- _____, amor, yo no soy de esos. ¿Cuándo quieres comenzar
con tu cargo?
- Perdone si no es mucha molestia. Me gustaría saber qué tipo
de trabajo he conseguido – el comenzó a reír. Tenía miedo. Esto había sido una
entrevista para el puesto de una puta, no de una periodista.
- Haber, seré breve. No me gusta andarme con rodeos. Verás
cielo, esto es una empresa de periodismo muy conocida. Nos han demandado
numerosas veces miles de famosos, nos bañamos en dinero gracias a sus
escandalosas noticias, conseguimos saberlo todo antes que nadie – se notaba
orgulloso al decir aquello, a mi me parecía horrible. Sobre todo saber que iba
a trabajar para esta empresa – El último famoso que queremos cazar es Justin
Bieber. Oh dios, gracias a ese niño podré comprarme una casa de oro. Aquí es
donde entras tú.
- ¿Yo? – el volvió a sonreír con su sonrisa odiosa y
repelente. Tenía miedo de lo que podría salir por esa boca
- Si querida, tú. No necesitas estudios para esto, solo un
cuerpo y una cara bonita; por eso te he contratado. Vas a conseguirme noticias
de ese niño y… - le interrumpí sorprendida
- Espera espera. ¿Me ha contratado por mi cuerpo? Valgo mucho
más que una cara bonita y… - él me interrumpió
- A Justin Bieber le encantan las caras bonitas, cielo. Vas a
entrar en su vida, vas a convertirte en su amiga y a la vez en su sombra. Vas a
conseguirme todas las noticias que yo necesite, vas a llenarme de dinero.
- No quiero este trabajo – dije sin pensarlo dos veces.
No
soy de ese tipo de personas, jamás lo he sido. No iba a entrar en la vida de
Justin para conseguir malas noticias que dieran dinero a este hombre. No soy
así de cruel, tengo corazón. Cogí mi
bolso y comencé a andar hacia la puerta, dejándome guiar por mi enfado
- Entonces, dile hola a tu cero en el primer año de
universidad de periodismo. – me quedé helada al oír eso de su boca. Me paré en
seco y me giré. – Tú decides cielo, o bieber o dile adiós a tu subida de notas en las calificaciones de la universidad.